SOSTENIBILIDAD, RESILIENCIA DE LAS CADENAS GLOBALES Y LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO: ¿SON OBJETIVOS COMPATIBLES?
El retorno de la producción y su impacto en la sostenibilidad
La reducción de la vulnerabilidad y dependencia comercial es un tema prioritario y estratégico para la UE. Ciertas estrategias de retorno de la producción deslocalizada en décadas anteriores están emergiendo como posibles soluciones. Sin embargo, ¿están estas tendencias alineadas con la búsqueda de la sostenibilidad?
El cambio climático constituye uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta la humanidad actualmente. Uno de sus desencadenantes es el aumento de la temperatura media del planeta como consecuencia del aumento de la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera que resultan de las distintas actividades humanas. El cambio climático tiene implicaciones graves para la economía, la sociedad y la salud y, si no se actúa de forma decidida, algunas de estas consecuencias pueden ser irreversibles. Su solución a través del libre mercado es difícil al ser el cambio climático una externalidad negativa, ya que ni los productores ni los consumidores que generan las emisiones de GEI se hacen responsables de ellas. Por ello, para luchar contra el aumento de estas emisiones, todos los países firmaron el denominado Acuerdo de París en el que se comprometían a limitar las emisiones dentro de su territorio de forma que la temperatura media del planeta no aumente por encima de 2 grados centígrados (°C), con esfuerzos para limitar el aumento a 1.5°C.
Las políticas que se están llevando a cabo para cumplir con los compromisos de reducción de las emisiones no son suficientes y el comercio internacional pone en jaque su eficacia a nivel global. ¿Por qué? Porque los compromisos de reducción de emisiones se hacen sobre las emisiones que genera cada país en su territorio, dentro de sus fronteras, sin tener en cuenta las emisiones asociadas a las importaciones. Sin embargo, con la globalización, el desarrollo de las tecnologías de información y la comunicación, el transporte internacional de mercancías y la descomposición de la producción en fases más pequeñas para buscar ganancias de especialización han supuesto cambios sustanciales en la forma de producir todo lo que consumimos: la producción de muchos productos implica la intervención de varios países (Wiedmann and Lenzen, 2018). Un coche, por ejemplo, ya no se produce enteramente en una instalación de una fábrica, sino que el diseño tiene lugar en un país, diferentes partes se producen en distintos continentes, viajando a lo largo del planeta para ensamblarse en otros lugares, y el producto final se vende a lo largo del mundo. No solo eso, sino que además esas operaciones pueden producirse con compras entre diferentes empresas o entre filiales de una misma empresa multinacional. Esto significó, a finales del siglo pasado, un importante aumento del comercio internacional, principalmente de productos intermedios, y que la mayor parte de los productos tengan un proceso de producción que se realiza con complejas cadenas globales de producción que recorren distintos países hasta llegar al producto final.
Los retos que suponen la transición a una economía baja en carbono y la búsqueda de una economía más resiliente requieren la búsqueda de soluciones que incorporen todas las esferas de la sostenibilidad
